Ucrania: Dolor, pérdida, fe, esperanza y resistencia
Linda Bordoni - Vatican News
Danielle Vella, responsable del Programa de Reconciliación Internacional del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR), acaba de regresar de Ucrania, donde ha acompañado al Padre Christian Marte, jesuita austríaco profundamente comprometido en la solidaridad con el pueblo ucraniano.
Habló con Vatican News sobre su viaje a través de las regiones occidental y suroccidental del país, ofreciendo un testimonio del profundo sufrimiento y la resistencia de una nación en guerra.
Marcados por la pérdida y la separación
Aunque las zonas visitadas -Lviv, Chernivtsi y Transcarpacia- no están en la línea del frente, Danielle afirma que la presencia de la guerra es ineludible.
Estas regiones se consideran las más seguras, señala, "pero están profundamente afectadas". El obispo Teodor Matsapula, de una diócesis greco-católica de Transcarpacia, lo dijo claramente: "Como parte del cuerpo de Ucrania, sentimos el dolor de los miembros de nuestras familias y parroquias que han muerto. Tenemos funerales de soldados en nuestra iglesia casi todos los días".
Cuenta que por todas partes veía monumentos conmemorativos: hileras de fotografías de soldados caídos, cementerios inundados de amarillo y azul, adornados con flores y recuerdos personales: llaveros, peluches, imágenes de niños y mascotas. "Resulta muy extraño conmemorar una guerra que aún continúa", dice.
"Todos los que conocimos estaban unidos en su dolor y pérdida: pérdida de seres queridos, muertos o desaparecidos en combate; pérdida de los que huyeron del país; y pérdida de la vida tal y como la conocían y de sus comunidades tal y como las conocían".
La preocupación por los soldados también es tangible, añade, “se extiende a la vida aparentemente normal, ya sabes, en cada conversación que tienes, especialmente, por supuesto, entre sus familias”.
Otros sentimientos abrumadores eran de "pura gratitud por estar vivos, y a la inversa, gratitud por los que habían muerto por su país, por su libertad", agrega, así como "una gran preocupación por la incertidumbre y el futuro era otro sentimiento generalizado".
Miedo omnipresente
Más allá del inmenso dolor, existe un miedo generalizado. "Los hombres dudan en salir", afirma Danielle, "temerosos de ser reclutados y enviados al frente". Entre los siete millones de refugiados ucranianos que han abandonado el país, muchos lo han hecho para evitar el servicio militar. Este miedo ha transformado la vida cotidiana, dificultando incluso tareas básicas, como encontrar trabajadores".
La separación de las familias es otra herida profunda. La responsable del JRS recuerda su encuentro con Marta, una trabajadora de Cáritas que describe conmovedoramente la realidad: "Es como si hubiera explotado un cohete en cada hogar". Maridos, padres e hijos se han marchado - ya sea para luchar, huir o encontrar seguridad en otro lugar - mientras que las mujeres permanecen, cuidando de niños y ancianos, agobiadas por la incertidumbre.
"Una vez más", continúa Danielle, "algo que dijo un joven se me quedó grabado. Dijo que 'nuestras vidas se dividen en antes y después; antes del 24 de febrero de 2022 y después'. Todo cambió aquel horrible día. Y ahora ya ni siquiera sabemos cómo vivir'".
3,7 millones de desplazados internos
Y, por supuesto, las comunidades locales de las regiones "seguras" también se ven afectadas por la llegada de personas procedentes del este de Ucrania, donde la guerra hace estragos.
"Hay 3,7 millones de desplazados internos en Ucrania", afirma Danielle, acotando que en algunas regiones, como Transcarpatia, “una de cada cuatro personas está desplazada”, una cifra asombrosa que sitúa a “la región al mismo nivel que los países que acogen el mayor número de refugiados per cápita del mundo, como Líbano, por ejemplo”. Y, por supuesto, están las tremendas necesidades de los propios desplazados internos.
El papel de la Iglesia
En medio de la devastación, la Iglesia se mantiene como un pilar de apoyo, proporcionando ayuda material, psicológica y espiritual. "La Iglesia ofrece a la gente un fuerte sentido de comunidad, un espacio seguro para rezar, llorar y reconstruir", afirma Danielle Vella.
Los jesuitas, explica, han puesto en marcha iniciativas como el centro "Espacio de Esperanza", donde las madres, esposas e hijos de los soldados reciben apoyo psicológico. Cáritas y el SJR gestionan refugios, comedores de beneficencia, servicios de guardería y programas educativos.
"Un refugio del SJR en Lviv es un refugio para abuelas, madres e hijos desplazados", dice Vella. "Se les da tiempo para respirar durante el tiempo que necesiten" para recuperar cierta estabilidad.
"Hay comedores de beneficencia, guarderías, actividades psicosociales para niños, educación... se hacen muchas cosas", dice.
Cansancio de los donantes
Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, crece la preocupación por la disminución de la ayuda internacional.
"Los representantes de Cáritas y del SJR advierten que se está instalando la fatiga de los donantes, a pesar de que las necesidades continúan", explica Vella.
"La crisis humanitaria no terminará cuando lo haga la guerra; de hecho, puede agravarse aún más".
Esperanza en medio de la desesperación
A pesar de la oscuridad, persisten los signos de esperanza. "La gente misma es la mayor fuente de esperanza", observa Vella. "Su fe -en Dios, en los demás y en el futuro- les hace seguir adelante".
Habla con admiración de la inquebrantable dedicación del padre Mikhailov, un jesuita ucraniano que "recorre el país" para ofrecer retiros y atención pastoral.
"Su fuente de esperanza más formidable es su relación con Jesús, sin la cual, dice, nunca habría podido ir al frente, pero lo hace, y descubre que la esperanza le da la fuerza", asegura.
La esperanza también se encuentra en personas como Ludmilla, una madre que Vella conoció en un refugio del JRS. "Perdió su casa en la guerra tras perder a su marido por un cáncer con sólo 33 años". Uno de sus hijos necesita múltiples cirugías, añade, pero ella sigue decidida. "Cuando alguien depende de ti, no te rindes sin más", me dijo. Mientras estés vivo, no es el final'.
Grito de solidaridad
Mientras la guerra se prolonga, los ucranianos anhelan la paz, una paz justa y duradera. "Esperan que Ucrania pueda reconstruirse, que no tenga que regalar tantos de sus recursos, y esperan tanto que la gente regrese, que los refugiados vuelvan", dice Danielle.
Pero también saben que no pueden hacerlo solos. "Esperan que el mundo tenga esperanza con ellos", afirma. "Que se solidarice. Este apoyo externo es muy importante".
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