Misioneros de la Misericordia, instrumentos de reconciliación
Sebastián Sansón Ferrari - Ciudad del Vaticano
"Un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios, para que entre en profundidad en la riqueza de este misterio tan fundamental para la fe". Así anunciaba el Papa Francisco en la bula de convocatoria del Jubileo Extraordinario de 2016, Misericordiae Vultus, la labor de los sacerdotes instituidos como "Misioneros de la Misericordia", a los que el Pontífice confirió la autoridad de perdonar también los pecados que están reservados a la Sede Apostólica, "para que se haga evidente la amplitud de su mandato", especificaba. Asimismo, pedía a los obispos que invitaran y acogieran a los misioneros, organizando en las diócesis "misiones para el pueblo", de manera que fueran anunciadores de la alegría del perdón.
Ahora, en el Jubileo Ordinario de 2025, el Santo Padre desea que estos presbíteros también ejerciten su ministerio, "devolviendo la esperanza y perdonando cada vez que un pecador se dirige a ellos con corazón abierto y espíritu arrepentido". En la bula Spes non confundit, Bergoglio llama a los obispos a enviar a estos ministros a los sitios "donde la esperanza se pone a dura prueba", como las cárceles, los hospitales y a los lugares "donde la dignidad de la persona es pisoteada". Es decir, "en las situaciones más precarias y en los contextos de mayor degradación, para que nadie se vea privado de la posibilidad de recibir el perdón y el consuelo de Dios".
En este marco, más de 500 sacerdotes de los cinco continentes que desarrollan esta labor particular participan en su Jubileo del 28 al 30 de marzo. Uno de ellos, el Padre José Luis Quijano, de Argentina, recuerda con emoción el momento en el que fue instituido como misionero de la misericordia. Para él, ese instante representó la universalidad de la Iglesia, unida en la misión de llevar el perdón a todos los rincones del mundo. La autoridad otorgada por el Papa para perdonar los pecados reservados a la sede apostólica es, según él, un regalo invaluable que le permite acercarse a las personas con un rostro misericordioso, llevando la gracia de Dios a aquellos que sufren y se sienten alejados de la fe
“Lo primero que viene a la mente es la emoción con la cual vivimos todos juntos un grupo de sacerdotes de todo el mundo, ver la universalidad y escuchar al Papa hablar con ternura sobre el perdón de los pecados”, comenta el Padre Quijano, quien destacó la importancia de salir al encuentro de los más necesitados, como los reclusos en los centros penitenciarios, y brindarles la oportunidad de experimentar el perdón y la liberación que provienen de la misericordia de Dios.
El Padre Ramón Costilla, también de Argentina, comparte su testimonio de cómo vivir la misión de los misioneros de la misericordia le ha brindado un profundo sentido de gozo y libertad interior. Para él, esta labor no solo es un ministerio de perdón, sino una fuente de crecimiento personal y espiritual. La oportunidad de administrar el perdón de Dios a los demás le ha permitido experimentar de manera más profunda el amor divino y transmitirlo a quienes se encuentran perdidos o desanimados.