Ciencia, ética y el futuro de la vejez en la Cumbre sobre Longevidad del Vaticano
Eugenio Murrali - Ciudad del Vaticano
El desafío que propone la primera Cumbre Vaticana sobre Longevidad es crear un modelo de longevidad humana integral, en consonancia con la visión del Papa Francisco, que considera la vejez una gracia. Un congreso con grandes científicos y pensadores, en presencia del Cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, para afrontar el desafío de un nuevo paradigma para el tiempo final de la existencia.
La sociedad, un edificio sin escaleras.
La iniciativa está patrocinada por la Academia Pontificia para la Vida, cuyo presidente, monseñor Vincenzo Paglia, declaró esta mañana: “Vivimos en el corazón de una gigantesca contradicción, porque toda la cultura ordinaria considera la vejez un naufragio”. Una sociedad que envejece pero en la que muchos no sienten la urgencia de un tema que el Papa Francisco ha puesto en cambio en el centro de su enseñanza varias veces. El arzobispo ofrece la imagen de un edificio de cuatro plantas, de las cuatro edades, donde, sin embargo, faltan escaleras y ascensores, es decir, la comunicación intergeneracional. El Santo Padre, que ofreció una auténtica “espiritualidad de la ancianidad”, recordó Paglia, alentó el diálogo entre las épocas, por ejemplo, instituyendo una celebración dedicada a los abuelos.
Una longevidad justa y democrática
Premios Nobel, científicos de renombre internacional y representantes institucionales contribuyen hoy a la reflexión sobre cómo enriquecer con dignidad y calidad la edad extrema de la vida, un bien común que debe ser honrado integrando ciencia, ética y espiritualidad. En la presentación intervino el principal promotor del congreso, el Padre Alberto Carrara, Presidente del Instituto Internacional de Neurobioética, IINBE. Mencionó también el papel que desempeñó en el nacimiento de la cumbre Viviana Kasam, presidenta de BrainCircle Italia, fallecida recientemente. “La tecnología debe estar al servicio del desarrollo integral de la persona humana”, insistió Carrara, planteando también la cuestión de la equidad y la democratización de las herramientas en favor de una buena longevidad.
Una sociedad desequilibrada
El punto de equidad fue retomado por el Premio Nobel de Química 2009, el profesor Venki Ramakrishnan, quien llamó la atención sobre el riesgo de “una sociedad desequilibrada”, no sólo por la disminución del número de jóvenes en comparación con los mayores, sino también por un problema social: “Si hacemos estudios sobre la longevidad, ¿quién se beneficiará?”. Y advirtió: “Podéis imaginar una sociedad de dos velocidades, en la que los ricos serán aún más ricos, tendrán aún más poder”, porque podrán disfrutar de los medios de una vejez saludable. A la reflexión durante la conferencia contribuyó también otro Premio Nobel, el profesor Shyn'ya Yamanaka, que recibió el prestigioso galardón de Medicina en 2012 gracias a sus descubrimientos sobre la reprogramación celular.
La sacralidad de los ancianos
Una mirada a la sacralidad de los ancianos en el discurso del profesor Giulio Maira, fundador y presidente de la Fundación Atena, quien afirmó: “Los ancianos son la máxima expresión de lo que la sociedad puede hacer por el hombre”. El científico dedicó importantes palabras al tema de la prevención y de la educación, especialmente de los jóvenes, para una vida sana, lejos de los excesos, para permitir también que la longevidad sea sostenible. Un compromiso necesario para poder recuperar recursos para dirigirlos a la investigación, pero también y sobre todo para permitir que las personas mayores puedan vivir mejor, ya que todavía un porcentaje demasiado elevado tiene un diagnóstico de demencia, mientras que nosotros debemos conseguir "vivir mucho tiempo pero con el cerebro sano". Sobre todo hay que mejorar la vejez del universo femenino, porque es cierto que las mujeres viven más pero “ellas pagan esa longevidad”.
Atención en el centro
“Hace cien años la edad media en los países industrializados rondaba los 40-45 años, hoy es casi el doble”, afirmó el profesor Juan Carlos Ipsizua Belmonte, del Instituto Salk de Estudios Biológicos de California, y correlacionó la vejez alcanzada hoy con el desarrollo del concepto de cuidado, que se ha dado principalmente a través de la higiene, los antibióticos y las vacunas, capaces de reducir el principal factor de riesgo, la enfermedad: “No debemos aumentar la duración de la vida como un fin en sí mismo, sino mejorar su calidad”.
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